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Nací en la ciudad de Río de Janeiro
a las 5:10 del día 27 de agosto de 1967 y soy el cuarto
hijo de un carioca, mi padre Marcello y una bahiana, Fernanda,
mi madre.
Tengo cuatro lindos hermanos como Oswaldo (Dado), Mauricio (Mu)
y María Eliza (Malica) y soy y siempre fui el mimado de
la casa. Fui viviendo mi infancia de manera muy feliz, en una
familia divertida y armoniosa. Todos los veranos íbamos
a Bahía a ver a los parientes y solo regresábamos
después del carnaval. Era un largo viaje de automóvil,
dos días de sandwiches, huevos cocidos y bananas.
Mi padre, periodista de ley y por formación después
de trabajar algunos años en el Jornal do Brasil, comenzó a
dirigir la administración del Morro Pan de Azúcar,
donde finalmente en los años setenta, fue inaugurada una
casa nocturna, los “Dancyng days”.
En la inauguración hubo un show de lanzamiento de un grupo
de mujeres: eran “Las Frenéticas”. Yo debía
tener unos diez años de edad y obviamente ningún
niño podría entrar, pero mi padre era el administrador
y alguna franquicia había. Vivía escondido debajo
de las mesas y así veía. Esa misma casa nocturna
cambió después a “Concha Verde”, donde
comenzaron a aparecer shows increíbles como Hermeto Pachoal,
Egberto Gismonti, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Ney Matogrosso,
Gal costa, Zezé Motta, etc. Yo iba a todos y siempre me
escondía del Juzgado de Menores
En el comienzo de los años ochenta, con el nombre de “Noches
Cariocas”, el Pan de Azúcar (Morro da Urcas) se
afirmó como uno de los puntos más calientes para
asistir a un show de Rock en Río de Janeiro. Y allí estaba
yo con mi adolescencia a cuestas, asistiendo a uno de los primeros
show de Paralamas, Kid Abelha, Titas, Lobao, Marina, Lulu, Ultraje....
No tenía caso, yo debería estar allí. Cantando,
tocando, bailando, provocando, enloqueciendo...
Comencé a tocar la guitarra a los 13 años, por
culpa de mi hermano Oswaldo, y las primeras canciones que prendí con él
realmente fueron “Stariway to Heaven” de Led Zeppelín
y “Hora de Almuerzo” de Belchior, las dos músicas
más fáciles y trilladas de la historia.
Pero mi hermano también componía sus músicas
y se inscribía en los festivales del colegio con ellas.
Yo creía que aquello era lo máximo. El palco, los
músicos, el micrófono....
En esa época conocí en un campamento en Campos
de Jordão a un maluco llamado André Asujamra o
Abui, que me enseñó los primeros acordes de blues
y rock, y con él también aprendí a reírme
de la vida, cosa que sigo haciendo hasta hoy. Luego comencé a
hacer mi propia banda de amigos músicos del colegio, de
la calle o del barrio. Nunca tuve profesor, aprendí tocando
con mis amigos, intercambiando informaciones y "levando
som".
Ya escribía mis propias letras, en esas épocas
las adoraba y mis amigos también, lo que me ayudó bastante
para creer que yo mismo podría ser un campositor de canciones.
Cuando llegó al hora de vestibular, tuve que optar. No
daba para hacer Medicina y Música, Arquitectura y Teatro,
Ingeniería y Cine.... Entonces, después de una
conversación muy seria con mi padre, me matriculé en
CAL (Casa de las Artes de Laranjeira) y comencé definitivamente
a andar en esa dirección, en ese universo paralelo que
es el mundo de las artes. Estudié teatro desde 1983 hasta
1985, me formé y comencé a hacer cine. Actué modestamente
en algunos filmes (A cor de seu Destino, Um Trem para as Estrelas,
O Misterio do Colegio Brasil Kuarap, PSW e Ócio)
La música corría paralelamente, pues a esa altura
yo estaba en el coro Garganta Profunda, que fue mi primera escuela
de música. El repertorio era muy mezclado, de Beatles
a modas imperantes, de Jobim a melodías medievales, de
samba a la música clásica, de todo había
en Garganta. Fueron dos años de una felicidad musical
intensa. En 1987, Garganta comenzó un proyecto de pequeños
grupos (dúos, tríos y cuartetos), dentro del propio
coro. Así surgieron los “Enemigos del Rey”,
un trío vocal formado por Luiz Nicolau, Luis Guilherme
y yo. Decidimos salir del coro para dedicarnos a la banda en
el final de aquel año 1987 y luego comenzamos a presentarnos
en bares de Río de Janeiro como el extinto “Pitéu”,
en Bara da Tijuca, o nuestro “Cavern Club”. Recién
en 1989, dos años después, conseguimos grabar nuestro
primero disco de estreno, para la CBS (actual Sony Music) y colocamos
dos sucesos inmediatos: “Una barata Chamada Kafka” y “Adelaide”.
Con los “Enemigos...” aprendí la sensación
de pertenecer a equipo colectivo y descubrí un Brasil
de varios “brasís”. Conforme íbamos
viajando con los shows, yo me iba deslumbrando con las diferencias
entre cada estado y región; las comidas, las ropas, als
características particulares de cada lugar o pueblo.
Finalmente, en el Río de Janeiro del año 1992 tomé coraje
y salí de los “Enemigos...” para dedicarme
a lo que se denominada “carera de solista”. Esa era
un época de surgimiento de artistas como Nirvana, Pearl
Jam y Lenny Kravitz. Yo escuchaba sin parar los nuevos discos
de rock y compré una guitarra de folk para componer músicas
con más actitud. Por eso mi primer disco, “Vontade” (lanzado
en 1993), es un disco de rock. Como un grito de liberación,
el rock era el mejor vehículo para eso. Decidí que
el disco sería grabado y mezclado analógicamente,
o sea, sin ningún equipamiento digital. “Vontade” es
un disco muy especial para mí, porque además de
ser el primero, tiene una sonoridad diferente, con una banda
de garaje.
La prensa comenzó a colocar al lado de mi nombre la palabra
roquero, lo que me incomodó mucho. Yo adoro el rock, pero
tuve la impresión inmediata de haber salido del rótulo
de "engraçadinho” de los “Enemigos...” a
otro de la misma gama de rótulos. Me sentí perdido,
me hice autocríticas sobre el porqué de un artista.
Fue cuando comencé a interesarme por la filosofía,
y como consecuencia me comenzaron a interesar otras artes. Un
grupo de estudio sobre Gilles Deleuze fue el trampolín
para ese nuevo rumbo, modificando profundamente la imagen que
yo tenía de la vida. Eso está muy claro en mi segundo
disco de solista: “Pensar e facer música”,
lanzado en 1995. Si musicalmente hay una relación evidente
entre el Pop y la Música popular brasileña, las
letras de pueden apuntar a una filosofía existencialista.
El proyecto gráfico fue inspirado en auto retratos del
pintor austríaco Egon Schielle. La canción de ese
disco que más gustó fue “Espacio Liso (o
fado)” y “O último día”, que
también adoro y que supo ser la más emitida en
radios, por ser abertura de una novela llamada “O fim do
mundo”, y que la verdad es que me dio un primer impulso
para una comunicación de masas que todavía busco,
no como objetivo, sino como motivo.
En 1997 lancé “Contrasenso”. El casamiento
del Pop con la Música Popular Brasileña continúa
y desconfío que esa barrera fuera definitivamente quebrada,
no solo por mí, sino por varios artistas que surgieron
en los años 90, mezclando todo tipo de cosas. Finalmente,
la música pop hecha en el mundo actualmente e una confusión
de sonidos, una mezcla de varios estilos diferentes, que juntos,
dan y darán nuevas oportunidades de surgimiento de nuevos
efectos musicales. La referencia y la mutación constante
como producto de nuestro tiempo, el ahora. Siempre en movimiento.
La palabra “Contrasenso” en el diccionario significa
algo dicho contra el buen sentido, trazando en mi humilde opinión
una imagen un tanto negativa: ¿Entonces, contra sentido
es un mal sentido?. Me apropié, pues, de esa expresión
para dar el nombre al disco buscándole un nuevo significado.
Entonces, “Contrasenso”, para mí, para mi
disco, significa lo contrario a sentido común, del hábito,
de entendimiento inmediato. Es mi tentativa de liberación
de nuevos sentidos, que es lo que es el arte. Con ese disco y
mucho trabajo logré salir del anonimato. Comencé a
sentir que se estaban escuchando mis discos, según los
comentarios de las personas que me hablaban o me manifestaban
sus preocupaciones u observaciones por cartas, e-mails, faxes,
y principalmente en los shows.
Después de grabar tres discos solos con canciones de mi
autoría, durante una temporada de shows en el Teatro Rival
de Río, surgió la idea de registrar el acontecimiento “en
vivo”. Grabamos tres presentaciones, escogimos luego los
mejores pasajes y fuimos a mezclar el primer disco donde interpreto,
también, canciones de otros compositores. Como una especie
de auto homenaje canto canciones de Peninha, Raúl Seixas,
Titas y una letra inédita de Cazuza.
Está en el ancarte del disco: “Este disco en vivo
es el retrato de una fiesta que continúa en nuestras asas”.
Solo puedo decir que la fiesta no tuvo hora de finalización
y que si fuera por mi, sería eterna. Vivir en el caos
de la música es mi estabilidad. Todos los ruidos y silencios,
todas las pausas y continuidades, todos los ritmos y melodías,
todas las futuras posibilidades.
En este espíritu de multiplicidad, llame un buen día
a Marcos Suzano (ritmo), Sacha Amback (sampler e interferencias)
para ir haciendo y posteriormente grabar Móbile (lanzado
en 1999), mi cuarto disco de estudio.
Desde esa vez, además de las composiciones, opté por
investigar sonoridades diferentes para mis canciones, pues ya
no aguantaba más resolverlas con un bajo, un teclado,
una guitarra y una batería.
Creo que la música pop (popular) o no, no puede tener
runa forma rígida, sino que debe ser contenido libre.
Y ese contenido tiene que ser espejo de nuestra percepción
(ninguna percepción es igual a otra), no puede ser una
cosa solamente.
Somos muy diferentes entre nosotros y la música que nos
debe representar no puede ser la misma, porque nosotros no lo
somos. Móbile inaugura definitivamente mi aventura sonora,
en conjunción con esos dos músico fantásticos
que tanto modificaron mi relación con la música:
Suzano y Sacha. La influencia de la música electrónica
como salvación sonora para el mismísimo pop.
Me interesa el músico modificado por la electrónica,
el nuevo músico le llamaría yo. La mixtura de las
cuerdas de nylon del violín, con los pedales de la guitarra,
de la percusión sampleada y manipulada con los teclados
resintetizadores. Electrorgánico. .
2001 fue el año de “Yo hafo de mi propia vida lo
que quiero”, en que cambio de Quarteto Móvil a Moska,
haciendo una referencia al disco anterior. Aunque, en realidad,
es una continuidad de lo mismo. Es una continuidad del mismo
proyecto sonoro inaugurado con Móbile. Uno y otro, otro,
otro un. Durante el tour de “Falso” compré una
cámara digital y comencé a fotografiar las ciudades,
las personas y los cuartos de hotel en los que me hospedaba en
días de shows. Acabé obcecado por una serie interminable
de autorretratos en objetos espejados de los baños de
esos cuartos. Fueron 2500 fotos sacadas antes del lanzamiento
del disco, dos años después. Acabé componiendo
muchas canciones inspiradas en las fotos, lo que me obligó a
colocarlas en el encarte del CD. Fue una nueva manera de componer
canciones. Tan nueva que terminé poniéndole por
nombre al disco “Todo nuevo de nuevo”, en referencia
a mi nuevo motivo: la fotografías y los autorretratos.
En el año 2003 estuve nuevamente en el cine, en el filme “El
hombre del año” de José Henrique Fonseca.
Actué también en una miniserie global (TV) llamada “La
tierra de los niños pobres” y, más recientemente,
trabajé con Hamilton Vaz Pereira (Teatro) con el espectáculo “A
Leve, o Próximo nome da tera”. Mate las nostalgias
del tiempo de actor y ahora caía de nuevo con “Todo
nuevo de nuevo”, donde actúo como intérprete
de mis propias canciones.
En fin, soy apenas un compositor y letrista que se aprovecha
de eso para intentar hacer “arte sonoro”. Siempre
digo que ese bla, bla, bla pop – filosófico (que
adoro, por otra parte), es menor que las canciones en sí.
Mi biografía debe ser leída, apenas, por lo que
dicen las letras de mis canciones, que es tiempo y el lugar donde
realmente vivo.
Moska, mayo de 2004
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